De la finca a la taza: El liderazgo de Salvina en la caficultura peruana
- lvela7
- 24 jun 2025
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Desde las verdes colinas de Moyobamba, en la región San Martín del Perú, Salvina Berrú López ha tejido una historia de perseverancia, esfuerzo colectivo y transformación. A sus 42 años, esta caficultora y madre de tres hijos ha convertido su pequeña finca familiar en un ejemplo de mejora continua en calidad, empoderamiento femenino y visión de futuro.
“Empecé a cultivar café a los 20 años, junto a mi papá. Vengo de una familia de agricultores—todo lo aprendí en el campo”, recuerda. Hoy comparte la gestión de la finca con su esposo, en el caserío El Álamo, donde cada día comienza antes del amanecer, combinando las labores del hogar con el trabajo agrícola.
Una mujer que impulsa el cambio
Desde su ingreso en 2020 a la asociación APROSELVANOR, Salvina no solo ha mejorado su producción: también ha asumido un rol activo en el liderazgo. Hasta 2023 presidió el Comité de Género, desde donde impulsó la participación de otras mujeres caficultoras y lideró espacios de formación y liderazgo.
“A menudo, el trabajo que hacemos las mujeres en el campo no se reconoce ni se valora. Pero gracias a la asociación y al grupo de mujeres, hemos demostrado que somos igual de capaces y que podemos aportar mucho al desarrollo del sector cafetalero”, afirma.
Desde ese mismo año, Salvina también forma parte de Café de los 8 Valles, una marca colectiva que promueve y comercializa café producido por mujeres. A través de esta iniciativa, ha diversificado los ingresos familiares con proyectos como huertos orgánicos, crianza de cuyes y capacitaciones en liderazgo y educación financiera.
La calidad también es inclusión
Fue gracias a APROSELVANOR que Salvina conoció el proyecto GQSP Perú, implementado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) con el apoyo de la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza (SECO). Como parte del programa, recibió un módulo solar de secado para su café, una herramienta que marcó un antes y un después en su proceso de producción.
“Antes, secábamos el café en plásticos sobre el suelo, lo que generaba problemas de contaminación, humedad y defectos en taza como el fenol. Ahora, con el módulo, el secado es más rápido, limpio y la calidad mejora bastante”, explica.
Los resultados lo confirman: su puntaje en taza pasó de 78 a 83 puntos, y el rendimiento físico mejoró del 65% al 72%. Estos avances le han permitido acceder a nuevos compradores y mercados internacionales. “Mi café ha llegado a Europa—eso me llena de orgullo”, cuenta.
Salvina es una de las más de 10,000 personas beneficiarias directas del GQSP Perú. El programa ha trabajado con 12 asociaciones y cooperativas de café y cacao en la selva peruana, promoviendo prácticas de producción sostenibles, fortaleciendo la calidad de los productos y facilitando el acceso a mercados de alto valor.

Más allá de la dotación de equipos, GQSP Perú ha desarrollado manuales de calidad adaptados al contexto local, brindado asistencia técnica personalizada y apoyado marcas colectivas—como Café de los 8 Valles—que permiten a pequeños productores posicionarse mejor en mercados especializados y obtener mejores precios por su trabajo.
Un empoderamiento que transforma
El impacto de estas mejoras va mucho más allá de lo técnico. Para Salvina, contribuir al bienestar de su familia a través de su trabajo le ha dado confianza y motivación. “Soy un ejemplo para otras productoras. Hemos mejorado nuestros ingresos, estamos más estables económicamente y podemos invertir en la finca y en la educación de nuestros hijos”.
Su hijo del medio, de 14 años, ya sueña con ser ingeniero agrónomo y continuar con el legado de sus padres y abuelos.
Su visión a futuro es clara: seguir mejorando la calidad de su café, llegar a más mercados y continuar promoviendo la participación de las mujeres en la cadena de valor del café. También espera que sus hijos se conviertan en profesionales y valoren el trabajo agrícola. “Necesitamos más capacitaciones, acceso a financiamiento y tecnologías sostenibles. Pero, sobre todo, necesitamos reconocimiento para el trabajo que hacemos las mujeres en el campo”, enfatiza Salvina.




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