Empoderamiento en cada grano: la historia de Laureana y el café peruano de calidad
- lvela7
- 10 sept 2025
- 2 Min. de lectura

En las montañas cafetaleras del norte del Perú, el aroma del café recién cosechado se entrelaza con historias de trabajo incansable, saberes heredados y sueños de transformación. Una de esas historias es la de Laureana Castañeda Terrones, una mujer de 50 años que, con cada jornada en el campo, reafirma el papel crucial de las mujeres en la cadena de valor del café peruano.
“Yo me dediqué al café hace aproximadamente 30 o 35 años”, cuenta Laureana desde su finca en la región San Martín. “Me enseñaron desde corta edad, mis padres, a hacer el cultivo del café. Desde ahí ya vengo teniendo mucha experiencia en lo que es el café”.
Hoy, su rutina comienza temprano y termina tarde. Después de cosechar café por la mañana, vuelve a casa para preparar el almuerzo. Tras una breve pausa, regresa a la chacra para continuar con la cosecha. Al final del día, alimenta a los animales, prepara la cena y se alista para repetir la jornada al día siguiente. Su vida, como la de miles de mujeres productoras en el Perú, gira en torno a los ciclos del cultivo, el cuidado familiar y el trabajo silencioso que sostiene toda una economía rural.
La mejora empieza con calidad
Durante décadas, Laureana secó su café en el suelo. Un método común, pero expuesto a múltiples riesgos: animales, humedad, contaminación y defectos que impactaban directamente en la calidad del producto. “Cuidábamos que los animales no ensucien el café… era muy difícil”, recuerda. Esta realidad cambió cuando, a través de su cooperativa y con el apoyo del programa GQSP Perú, recibió un módulo de secado solar.
“El proyecto nos brindó la secadora para poder mejorar nuestra calidad de vida, nuestro producto” - dice con gratitud - “Ahora ya tenemos esta secadora donde nos facilita mayormente, donde podemos tener un café de calidad, un café limpio para así nosotros transportar a nuestra cooperativa”.
El impacto fue inmediato. El café ahora se seca más rápido, de manera más limpia y segura, y con un resultado que responde mejor a las exigencias del mercado especializado. “Ya no estamos cubriendo y cuidando como antes… esta secadora facilita un café limpio y bien seco”.
Transformar vidas a través del conocimiento
La historia de Laureana es parte de un cambio más amplio que viene gestándose en el Perú gracias al Programa Global de Calidad y Normas (GQSP), implementado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) con el apoyo de la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza (SECO). En su segunda fase, el GQSP Perú ha beneficiado directamente a más de 10,000 personas, trabajando con 12 asociaciones y cooperativas de café y cacao en la selva peruana.
Más allá del equipamiento, el programa ha desarrollado manuales técnicos adaptados al contexto local, brindado asistencia personalizada y promovido marcas colectivas que posicionan mejor a los pequeños productores en mercados de valor, ayudándoles a obtener mejores precios por su trabajo.
Esta estrategia ha tenido un efecto directo en la vida de mujeres como Laureana. Su rol en el proceso productivo ya no se limita al campo, sino que se reconoce como una contribución clave a la calidad del producto y al desarrollo de toda la cadena. El empoderamiento, en este caso, no llega con discursos, sino con herramientas concretas que mejoran las condiciones de trabajo, fortalecen capacidades y permiten que las mujeres tomen decisiones sobre su producción y su futuro.

Un ejemplo silencioso, pero poderoso
En su comunidad, Laureana representa un ejemplo de perseverancia, conocimiento práctico y compromiso con la mejora continua. Aunque su voz es serena y su relato sencillo, su historia refleja una transformación profunda. “Todo esto nos está facilitando nuestra calidad de vida”, afirma.
Su trabajo también inspira nuevas conversaciones en torno a la equidad de género en el campo. Las mujeres en el sector cafetalero enfrentan múltiples desafíos: acceso limitado a tecnología, menor representación en espacios de decisión y poca visibilidad. Sin embargo, casos como el de Laureana demuestran que, cuando se brindan las condiciones adecuadas, las mujeres no solo participan: lideran.
“Quizás más adelante haya más proyectos y faciliten con más secadoras para mejorar más nuestros productos”, sueña Laureana. Su deseo no es solo personal; es una visión colectiva de progreso para otras mujeres productoras, familias y comunidades enteras.
Un café con rostro de mujer
Cada taza de café que sale de fincas como la de Laureana lleva consigo algo más que sabor: cuenta una historia de esfuerzo, tradición y cambio. El programa GQSP Perú ha sido un catalizador en ese proceso, generando impactos concretos en la productividad, la calidad y la autoestima de las productoras rurales.
A través del acceso a tecnología adecuada y conocimientos aplicables, mujeres como Laureana han logrado no solo mejorar su producto, sino también su calidad de vida y la de sus familias. Son mujeres que, sin dejar su tierra ni sus raíces, están transformando la industria cafetalera peruana desde adentro.
Y aunque cada jornada siga comenzando antes del amanecer, hoy el futuro se ve más claro, más digno y más justo, gracias a la determinación de mujeres que, como Laureana, han hecho del café una herramienta de empoderamiento.


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